HABLEMOS DEL LÁSER…

Los haces de luz de alta intensidad se usan en medicina en las
intervenciones endoscópicas, la oftalmología y la dermatología
Ricardo Goncebat

EFE/REPORTAJES
El láser quirúrgico puede usarse en operaciones de telecirugía a distancia controladas mediante ordenadores.
El láser revoluciona los quirófanos. Calienta, volatiliza, coagula, quema o corta los tejidos de forma limpia y precisa, respetando las células sanas.
Desde que los primeros láser se aplicaron a la cirugía de los ojos y los tratamientos de la piel, en la década de 1970, esta técnica quirúrgica no ha dejado de avanzar, porque tiene muchas ventajas: reduce las estancias hospitalarias, posibilita atender a más pacientes de forma ambulatoria, y permite una mayor precisión y limpieza en los cortes, que pueden ser 50 veces menos profundos que los de un bisturí eléctrico.El bisturí de rayos ha permitido simplificar intervenciones que antes requerían una hospitalización y ha eliminado lesiones que hasta hace poco no eran operables. La cirugía de rayos láser tiene muchas variantes con aplicaciones muy concretas, y aunque no lo puede curar todo, aumenta día a día su protagonismo médico. 

El láser es una luz descompuesta en un medio activo gaseoso, líquido o sólido, y estimulada con la ayuda de otra fuente de energía, para obtener un haz luminoso monocromático y coherente de extraordinaria intensidad. Desde que los primeros equipos se aplicaron a la cirugía ocular y a los tratamientos dermatológicos, esta técnica ha seguido progresando.

Aunque aún es un método controvertido en términos de rentabilidad sanitaria, porque la inversión inicial es muy costosa y requiere una alta cualificación profesional, para sacarle provecho, el láser quirúrgico tiene numerosas ventajas, como la considerable reducción de las estancias hospitalarias y la posibilidad de atender a más pacientes de forma ambulatoria.

EL FILO RADIANTE

La “luz concentrada” con una longitud de onda específica dependiendo del medio activo utilizado, que constituye el láser, produce calor y tiene la capacidad de volatilizar los tejidos, así como de quemarlos, coagularlos o cortarlos. Ello es posible porque las células del organismo humano, que están formadas por agua en un 80 por ciento, son vaporizadas por el rayo.

Esta técnica requiere ciertas medidas de seguridad para evitar que el ojo humano pueda recibir el impacto del haz luminoso e impedir que los tejidos infecciosos permanezcan en la atmósfera del quirófano, pero el gesto quirúrgico es básicamente el mismo que el utilizado con el bisturí, según los especialistas.

El láser quirúrgico permite una mayor precisión y limpieza en las incisiones. Posibilita al cirujano efectuar cortes muy superficiales, hasta 50 veces menos profundos que los de un bisturí eléctrico, y que producen un menor daño en los tejidos sanos de alrededor del punto intervenido, lo cual permite una cirugía menos sangrienta y recuperaciones postoperatorias, en general menos dolorosas.

Además, muchos láser quirúrgicos posibilitan actuar a distancia a través de un fibra óptica, lo que supone un valioso complemento para la cirugía endoscópica, la cual se basa en la inspección visual de una cavidad o conducto del organismo por medio de un instrumento óptico denominado endoscopio y evita tener que “abrir” el cuerpo del paciente intervenido.

Uno de los riesgos es que si el láser se utiliza mal, los resultados pueden ser mucho peores que con el bisturí, ha explicado el doctor Francisco Díaz Yanes, de la Sociedad Española de Láser.

Aunque se habla de láser quirúrgico no hay un sólo método, sino al menos cuatro tipos de láser con aplicaciones diferentes.

UN RAYO PARA CADA USO

El láser de CO2 que se trasmite por espejos, no puede atravesar los fluidos, es de uso superficial, corta de forma muy precisa y limpia, pero tiene baja capacidad de coagulación, es empleado en tumores de piel, cirugía bucal, hemorroides y fístulas, para eliminar lunares víricos, y también para efectuar implantes de pelo y tratar pequeñas arrugas faciales.

El láser de neodimio/YAG coagula muy bien pero corta mal, profundiza en el tejido y tiende a quemarlo, atraviesa los fluidos y se trasmite por fibra óptica. Este sistema se utiliza en cirugía endoscópica del aparato digestivo, el pulmón, el riñón, la vejiga y el uréter, y también se emplea para destruir tumores y coagular lesiones vasculares y sangrantes.

Otra variante es el láser de argón, que se emplea casi en los mismos casos que el neodimio/YAG, pero cuando se interviene en estructuras orgánicas muy finas, ya que daña menos los tejidos de alrededor de la zona intervenida.

Por último, el láser de colorante pulsado, que funciona a impulsos y mediante un colorante que lo vuelve “ávido” del color rojo, se utiliza específicamente para tratar tumores vasculares, los angiomas y las manchas de la piel, a la cual no quema.

Según el doctor Díaz Yanes, el láser es decisivo en la cirugía como un complemento de la endoscopia, en la que la inspección visual de la zona abordada mediante el endoscopio se acompaña del uso de instrumentos especialmente diseñados para ser manejado desde el exterior del cuerpo. Además es muy útil para abordar zonas en las que el cirujano debe respetar al máximo los tejidos sanos.

En traumatología, el láser ha supuesto un gran avance en la cirugía endoscópica de las articulaciones (rodilla, hombro y codos), así como en algunas intervenciones de la columna vertebral, todas las cuales requieren un alto grado de precisión.

La técnica lasérica se utiliza en neumología para la cirugía endoscópica de tumores endobronquiales, tanto para desobstruir las vías respiratorias cuando el tumor es inoperable, evitando la traqueotomía, como para curar los tumores localizados o microinvasivos, lo cual mejora la calidad de vida del paciente.

ADIOS AL MIEDO AL DENTISTA

En ginecología se emplea el láser en la cirugía endoscópica del aparato genital inferior: cuello, vagina, vulva, periné. Asimismo se usa para tratar algunas endometriosis y para tratar condilomas, papilomas y carcinomas localizados, con una precisión y delicadeza que permite una mejor reconstrucción estética de la zona operada y evita posibles problemas de fertilidad.

No sólo eso: además de aplicarse al abordamiento endoscópico de los tumores y lesiones del aparato digestivo, este método está revolucionando la odontología al permitir tratar los trastornos dentales sin anestesia ni dolor en el 90 por ciento de los casos, sin que el paciente padezca la habitual pesadilla del torno eléctrico.

La aplicación odontológica de esta nueva tecnología que está revolucionando los quirófanos, es cada vez más habitual y está consiguiendo que pase a la historia uno de los temores más arraigados e infundados de la sociedad: el miedo al dentista.

Una de las cirugías en las cuales el láser ha aportada más ventajas para el paciente es la de hemorroides y fístulas anales, ya que esta técnica reduce notablemente el dolor posoperatorio, el cual se ha convertido en la “leyenda negra” de este tipo de intervenciones, porque produce una menor inflamación de los tejidos mucosos.

En dermatología y cirugía plástica se usa el método lasérico para tratar lesiones vasculares planas, eliminar lunares, verrugas víricas, raspaduras, tatuajes, manchas y pequeñas arrugas, así como para tratar algunos tumores de la piel.

La aplicación más conocida del láser en oftalmología es la corrección de la miopía, pero también se emplea en la cirugía no invasiva del ojo, para tratar hemorragias de retina y cataratas.

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